Academia Greymoor · Capítulo 70
Conociendo a la Reina Licántropa III
Maisie
Entraba y salía de la inconsciencia.
La primera vez que abrí los ojos, me estaban sujetando con correas al asiento de un jet privado. La segunda fue durante el aterrizaje. Me levantaron como si fuera carga y me metieron en el asiento trasero de una limusina con el escudo de la Reina.
Apenas registré al guardia de cabello oscuro que hablaba en voz baja desde el asiento delantero antes de que volviera a hundirme.
La tercera vez solo vi oscuridad. Tenía algo sobre la cabeza —¿una capucha?— o tal vez estaba dentro de algún tipo de costal. Las manos que me cargaban se movieron y la tela que me cubría la cara se desplazó lo suficiente para que alcanzara a ver tejados rojos, jardines exuberantes, altos pilares dorados que subían hasta el cielo, mármoles pulidos con tal perfección que alcancé a vislumbrar mi reflejo en ellos.
Estaba dentro de un costal.
Los párpados se me volvieron a cerrar, por más que intentara mantenerlos abiertos.
Cuando desperté por última vez, fue con el sonido de unas voces que hablaban por encima de mí. La primera era suave y sumisa. La otra era rica, melodiosa, condescendiente y, aun así, tan poderosa que se me erizó la piel antes incluso de estar del todo despierta.
—¿Y estará en perfectas condiciones para esta noche? —dijo la segunda voz en un tono lánguido, casi desinteresado.
—S-sí, Su Majestad —respondió la primera—. El efecto del sedante debería haber desaparecido por completo para cuando salga la luna llena. No debería haber ningún problema.
¿Su Majestad?
Intenté abrir los ojos otra vez, pero mi cuerpo parecía estar despertando a su propio ritmo. Primero se me movieron los dedos de las manos y de los pies.
—La quiero bien limpia. —Oí un pequeño olfateo—. Quítenle esa asquerosa peste a lobo. Y todo ese vello de las piernas y del pubis. La quiero suave como una recién nacida. —Una pausa—. ¿Tienes preparado el brebaje de fertilidad?
—N-no creí que fuera necesario, considerando que está demostrado que los transicionados son extremadamente fértiles…
Sentía las pestañas menos pesadas, pero no me atreví a abrirlas. También mantuve la respiración regular y el pulso lento, escuchando para entender qué planeaban hacer conmigo.
—¿Te pedí o no te pedí que prepararas el brebaje, Memah? ¿O prefieres que te ponga a ti en su lugar en el campo esta noche?
La pesada peste del miedo llenó la habitación.
—Lo tendré listo antes del rito.
—Bien. Ahora, fuera. Me gustaría tener un momento con mi invitada, que finge estar dormida. Escuchar a escondidas es una costumbre terrible, ¿sabes?
Abrí los ojos.
La mujer no llevaba corona. No vestía túnicas exorbitantes ni joyas que delataran su rango.
Y, aun así, no necesitaba ninguna de esas cosas, porque hasta el aire sabía que el ser que tenía delante era una fuerza a tener en cuenta. Todo mi ser lo sabía.
Su aura me asfixiaba como unos dedos alrededor de la garganta y solté un resuello. No podía mover el cuerpo, y no era que las drogas todavía me tuvieran sometida.
Era ella. Me sentía como si estuviera bajo el talón de un gigante y no pudiera salir de debajo de ella. Era, hasta la fecha, lo más aterrador que había vivido.
Y entonces miré su rostro.
La Reina Licántropa era imperfecta y perfecta a la vez. Era imperfecta en que su rostro no era del todo simétrico y sus cejas finamente arqueadas estaban dispuestas de tal forma que una se alzaba un poco más que la otra, dándole una expresión permanente de absoluto desdén. Incluso sus labios tenían una comisura más alzada que la otra, completando un gesto capaz de cortar la leche.
Pero era perfecta en la forma en que su cabello rojo ardía como llamas, casi vivo en la manera en que le acariciaba la piel del color de la luz de la luna.
Tenía los labios enrojecidos, casi como si se hubiera untado sangre de corazón sobre su carnosa plenitud.
Y sus ojos eran lo más perturbador de ella. No sabría decir si eran verde oscuro, azules o negros como la brea. Los colores cambiaban sin cesar mientras me observaba desde arriba.
La suya era una belleza que cortaba tan afilada como un arma. Una belleza que se sentía… antinatural. Inmortal.
Tessa ni se le acercaba.
Llevaba un sencillo vestido blanco tipo combinación, transparente en todos los lugares adecuados, que lucía su figura voluptuosa.
El vestido le colgaba suelto del hombro izquierdo y vi marcas de mordidas decorando el elegante arco de su cuello. Seis.
Tenía el cabello ligeramente revuelto, como si unos dedos lo hubieran recorrido. Y los labios hinchados de besos, y me di cuenta de que parecía recién salida de la cama de su amante.
—Desde luego no eres lo que esperaba —dijo en ese tono condescendiente, aunque se sentó junto a la cama y me recorrió la cara con sus dedos afilados.
Se me erizó la piel bajo su roce. Aunque las yemas de sus dedos eran suaves como el terciopelo, se sentía como si tuviera una navaja en el cuello.
—Demasiada carne —chasqueó la lengua—. Ni de lejos la belleza suficiente para cautivar. ¿Qué es lo que mi sobrino ve en ti que lo tiene tan embelesado y tan necio como para desafiarme?
Sus ojos se posaron en los míos.
—Puedes hablar.
La presión sobre mi garganta se aflojó un poco y me encontré balbuceando todo lo que tenía atascado en el pecho.
—¿Qué me hizo…? ¿Qué va a hacer conmigo?
Suspiró.
—Verás, he pasado las últimas dos semanas, desde que descubrí el error de mi sobrino, preguntándome lo mismo. ¿Cómo, exactamente, podría castigarlos por este desatino deliberado que han cometido? Nada de lo que se me ocurría parecía lo bastante cruel para estar a la altura de la gravedad de su insolencia.
Bostezó y volvió a alargar la mano hacia mí. Esta vez atrapó un mechón de mi cabello y se lo enroscó en el dedo mientras contemplaba los reflejos de las hebras.
No creí que se diera cuenta de que lo estaba haciendo. O tal vez sí y solo intentaba incomodarme, teniendo en cuenta que yo todavía no podía moverme ni un centímetro.
—Sus esfuerzos por mantener completamente oculto lo que hicieron casi me conmovieron. Hasta mis espías en su pequeña mansión estaban convencidos de que no eras nada importante.
Parpadeé rápidamente. ¿Qué…? ¿Tenía espías en la mansión? Pero la única persona que vivía en la casa, aparte de mí y de ellos cuatro, era…
Corazon.
Una náusea repentina me revolvió el estómago. No entendía absolutamente nada. ¿Por qué llegaría tan lejos como para espiarlos? ¿Y qué habían hecho que fuera tan terrible como para tener que ser castigados por ello?
—Piensas con la cara —observó—. Él debió enseñarte a ocultar tus emociones. —Me acarició la boca—. Eres presa fácil. Demasiado fácil.
Luego se levantó de golpe y cruzó las manos a la espalda.
—Dado que esta noche serás tú quien cargue con el peso de su castigo, supongo que es justo decirte por qué te está pasando esto. ¿Qué te dijeron que era la razón por la que estabas… cambiando?
—Que me mordieron —respondí, no porque quisiera, sino porque ella tenía la inquietante capacidad de arrancarme las respuestas.
Soltó un resoplido.
—Soren siempre ha sido un mentiroso. Uno muy bueno. Una mordida no basta para forzar el cambio, niña. A cualquiera pueden morderlo. La mayoría muere por ello, eso sí es cierto. Pero lo que provoca el cambio es que te reclame tu Erasthai. Es posible que te hayan reclamado desde hace más tiempo del que imaginas, y que la mordida solo fuera el primer paso. Verás, la transición que estás experimentando es lo que ocurre cuando tu cuerpo te prepara para ser una compañera adecuada para quien te ha reclamado.
Por segunda vez ese día, mi mente se quedó en blanco. No entendía lo que estaba diciendo. Afirmaba que yo era su Erasthai y que me habían reclamado y…
«Tú la llevas.»
Me ardieron los ojos por las lágrimas.
¿Había sido a propósito? ¿No había sido un error? ¿Qué estaba pasando?
—Sea cual sea la razón —dijo con otro bostezo—, se han roto reglas y hay que dar un escarmiento. Esta noche serás la doncella de honor en el rito de la Luna Roja.
—¿Qué… significa eso?
Sonrió. Fue algo cruel que me llenó el cuerpo de miedo.
—Es un rito de fertilidad, y esta noche tú serás el recipiente del placer. ¿Qué mejor castigo que hacerlos mirar cómo cada macho presente se acuesta contigo sin poder hacer absolutamente nada al respecto? Imagino que a Soren este método le resultará de lo más emocionante.
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